Cholahuasi: una noche llena de sabor, ritmo e identidad boliviana
Era una noche de viernes, y aventurarnos por la ciudad de La Paz siempre termina llevándonos a mis amigos y a mí a descubrir nuevos rincones, esos bares que esconden historias y sorpresas. Esta vez, encontramos uno de los lugares más únicos de la ciudad de La Paz, donde la Bolivia tradicional convive con la contemporánea: Cholahuasi.
Nuestra aventura empezó en plena plaza San Pedro. Nos bajamos del minibús, pagamos la tarifa nocturna y caminamos media cuadrita hasta toparnos con unas puertas robustas, de la época colonial, nos dan la bienvenida al patio interno.
Al cruzar el umbral, subimos unas gradas de piedra y llegamos al llamado cementerio de elefantes, el primer ambiente de este centro cultural. A medida que avanzábamos por los distintos espacios, sentí que cada rincón nos iba reconectando con algo más profundo: nuestra identidad. Los trajes típicos colgados en las paredes, los colores vibrantes, los objetos que cuentan historias, los rostros felices de quienes bailaban… todo allí parecía recordarnos que Bolivia no solo se ve: se vive.
Nos recibió Martino Alvestegui, gestor cultural y alma del lugar. Mientras terminaba de coordinar nuestras bebidas con el barman, nos contó la magia detrás de Cholahuasi: cómo nació como un espacio para celebrar lo nuestro, mostrarlo al mundo y mantenerlo vivo cada noche. “Compartir estas experiencias y ver cómo cambia la mirada o el rostro de los extranjeros cuando entienden un poquito más de Bolivia es emocionante”, nos dijo Martino con entusiasmo. “Yo creo que eso es lo que más tratamos de conseguir cada noche”.
Esa noche, era noche de cuecas y las ganas de bailar alzando un pañuelo en mano, se hacían notar. En las mesas de alrededor se podían notar todo tipo de tragos, desde preparados en jarras hasta cócteles de autor fluorescentes y con motivos bolivianos.
Nosotros pedimos una ronda: el Pasankollita, bebida insignia de la casa; un Quimsacharani y la estrella de la noche, el nuevo cóctel de autor: el Illimani. Cada detalle del vaso de shot está tan bien pensado que realmente se podía ver el Illimani dentro de la bebida. Hasta daba pena tomárselo por el arte alquímico con el que lograron crear una postal líquida de nuestra ciudad.
Pero, después de todo lo que les narro, se preguntarán ¿por qué el Cholahuasi es un centro cultural y no solamente un bar-restaurante? Por todo lo que pasa dentro de sus puertas, donde cada noche se celebra el encuentro entre lo tradicional y lo contemporáneo, entre la música y el arte, entre la historia y la modernidad. Aquí no se va solo a beber, se va a pertenecer.
Martino lo resume mejor que nadie: “Siempre vienen entre amigos y familia, se desvelan contando historias o creando nuevas formas de arte. Eso es algo muy lindo del bar, no solo es el consumo, donde la gente se marea y se va, tratamos de que sea una experiencia muy personalizada. Creemos que es un espacio donde la gente aprende de quienes lo visitan y traen nuevas propuestas”.
Después de haber zapateado como locos era hora de irnos. Sin duda esa noche ha sido inolvidable. Lo bueno es que Cholahuasi seguirá ahí, semana tras semana, con nuevas propuestas cargadas de identidad boliviana.
Y seguramente volveremos, porque en ese lugar como dice Martino, “se le da la vuelta a ese discurso que menosprecia nuestra cultura”, y uno sale con la certeza de que Bolivia se baila, se canta y se celebra.













