El color como conciencia: La moda que une emoción, tecnología y propósito
La nueva temporada llega cargada de color, pero también de conciencia. Ya no basta con conocer los tonos, siluetas o texturas del Spring/Summer 2025-2026: ahora cada fashion lover se pregunta por qué elige una prenda y qué simboliza su elección en una sociedad que nos empuja al hiperconsumo.
El color como declaración
En plena era del ultra fast-fashion, el color dejó de ser una decisión estética para convertirse en una declaración política, tecnológica y emocional. Aunque vivamos en distintas ciudades y culturas, compartimos las mismas inquietudes: los problemas locales hoy son globales.
Azul, rosa, amarillo y verde: emociones que se visten
El azul luminoso, inspirado en el lapislázuli y potenciado por el auge del cobalto el mismo mineral que impulsa nuestras baterías de litio—, simboliza el encuentro entre el pasado artesanal y el futuro tecnológico. Representa la convergencia entre la inteligencia humana y la artificial. Lo veremos en prendas deportivas, acabados metalizados y vestidos de satén estilo lencería.
El rosado pop explota como un antídoto frente al agotamiento colectivo. Es el color del juego, del exceso divertido y de la nostalgia analógica. Llega en versiones inclusivas y genderless, desde accesorios hasta piezas statement, como los gorros tejidos a crochet que destacaron en la Copenhagen Fashion Week.
El amarillo mantequilla se impone como el nuevo neutro emocional: cálido, suave y reconfortante. Sustituye al beige y se convierte en un refugio visual tanto en moda como en interiorismo. Aporta luz sin estridencia y actúa como un bálsamo estético. Lo veremos en camisas de lino, camisetas minimalistas y pantalones wide leg fluidos.
El verde oliva continúa su ascenso silencioso como el “nuevo negro natural”. Orgánico, cálido y terrenal, evoca el musgo y el deseo de vivir más lento. Dominará en chalecos utilitarios, enterizos y trench coats.
Conciencia en tiempos de sobreproducción
Aunque los colores buscan ser un puente hacia la unidad, la realidad sigue siendo compleja. Según datos de WGSN, el 57,3% de las personas se sienten abrumadas por la crisis del costo de vida, mientras la industria enfrenta un quiebre histórico: las marcas ultra fast-fashion lanzan más de 10.000 productos nuevos al día, y solo en Francia se desechan 700.000 toneladas de ropa al año.
Por ello, Francia avanza en una propuesta de ley que busca limitar la publicidad y aplicar impuestos ecológicos a los modelos más contaminantes. ¿Seguirán otros países su ejemplo o continuaremos vistiendo a costa del planeta?
Mientras la industria redefine su rumbo, los consumidores también redefinimos el nuestro. Cada compra es una decisión política, y cada color, una postura ante el mundo.
La próxima temporada no solo se viste de azul, rosa o verde: se viste de conciencia.
Porque el verdadero lujo del siglo XXI no será poseer más, sino consumir con responsabilidad.
Por: Daniela Montaño













