La educación en personas con discapacidad: Una deuda pendiente en Bolivia
El acceso de las personas con discapacidad a la educación sigue siendo una tarea complicada. La mayoría de las escuelas no cuenta con la infraestructura ni la logística necesarias para garantizar los estándares mínimos que les permitan ejercer sus derechos básicos.
Silvana, mamá de Camilo (una persona con discapacidad), ha estado buscando alternativas para la educación de su hijo desde siempre. Ha recorrido cada barrio de la ciudad de La Paz, cada referencia o pista que obtenía de otras mamás y de personas dedicadas a este rubro. Camilo tuvo la oportunidad de estudiar en centros para personas con discapacidad, donde aprendió a leer y escribir, pero también asistió a un colegio regular a los 11 años, donde conoció a sus mejores amigos.
Silvana mira atrás y reconoce que, durante todos estos años, ella y Camilo han afrontado grandes desafíos: “En nuestra ciudad no hay muchos centros, y menos colegios, que se encarguen de los alumnos o de personas con capacidades especiales”.
Según la Guía educativa para familias y comunidades de personas con discapacidad intelectual del Ministerio de Educación, el propósito de la educación inclusiva es desarrollar programas educativos individuales “que les permitan alcanzar los fines y objetivos educativos como respuesta a las necesidades y potencialidades de cada estudiante”. Es decir, lo ideal es que las personas con discapacidad reciban una educación prácticamente personalizada, pero que al mismo tiempo les permita formar parte de la comunidad estudiantil y sentirse incluidas.
Colegios como el Saint Peter’s, en la zona de San Pedro, tienen un programa adaptado para personas con discapacidad. Camilo estudió en ese colegio y, desde el principio, le brindaron todas las facilidades necesarias para que pudiera aprender y socializar. Hoy en día, según comenta Silvana, “el número de estudiantes con discapacidad en cada aula ha aumentado, y por eso han contratado a personas adicionales que apoyan al maestro”. Sin embargo, estas iniciativas son muy pocas y parten del compromiso individual de las instituciones, no de políticas gubernamentales ni del apoyo de las autoridades.
Gracias a la persistencia de sus padres, Camilo ha tenido la oportunidad de estudiar en distintos lugares e incluso hoy continúa aprendiendo desde casa. Sin embargo, esta no es la realidad de todas las personas con discapacidad. La mayoría tienen que enfrentarse al limitado o nulo acceso a centros educativos especializados, condiciones de pobreza y falta de información.
En este panorama, Silvana rescata algo muy importante: la labor de los maestros, su pasión y su vocación. Muchos de los centros e institutos que forman a personas con discapacidad siguen en pie gracias a los “malabares” que hacen los profes y a sus ganas de ayudar. Por todo ello, Bolivia sigue en deuda con la educación de estas personas, que tienen mucho por aportar a nuestra sociedad.
Por: Leonardo Lira













